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Viernes 16 de Noviembre de 2012

El infierno de la prensa en tiempos de la desnutrición y la gripe A

Por: Guillermo Rivero
Hace un par de años, un amigo y colega a quien quiero mucho pero admiro más, posteó en mi muro de Facebook, con motivo del día del periodista, un video cuyo título era el Infierno de la Prensa. Era un anuncio promocional del diario uruguayo Últimas Noticias. La primera escena del spot publicitario muestra a un joven en un fondo blanco que parado frente a una puerta de ascensor, metálica, pregunta en voz alta: ¿Qué es esto? En la siguiente escena la puerta se abre y una mujer responde a la pregunta: "Esto es el infierno de la prensa. Querés conocerlo".
 El joven en silencio da un paso e ingresa en el ascensor. La mujer le muestra uno a uno los pisos, del subsuelo que emulando a los círculos del infierno que Dante Alighieri  describe en la divina comedia, indica un pecado y un castigo para cada falta cometida en el ejercicio de la profesión de informar.  Los castigos que describe la tanda publicitaria de "Ultimas Noticias", son análogos a las faltas. De este modo, los periodistas que van al piso menos uno,  son los superficiales "los que nunca investigan"; los que están condenados a escribir eternamente cosas sin sentido. En el piso menos dos, están los inexactos, los que no constatan fuentes, los imprecisos. En el menos tres, los  tendenciosos; los que no tienen noticias. Su castigo es estar condenados a decir sí o no, para siempre. El piso siguiente, en el descenso es el lugar reservado a los altaneros, los que abusan de su poder y se creen intocables. Al inmediato inferior, van los sensacionalistas. Estos periodistas están condenados a gritar eternamente, con desesperación.
Como en el texto del Poeta, los dos últimos lugares son los peores. El sexto, es el destino de los serviles, los que se venden y su castigo es estar eternamente de una lado al otro, según sopla el viento. El último piso, el más bajo es el destino de los calculadores, mercaderes de la información a quien sólo les importa lucrar. Su castigo es ir como con un fajo de billetes que les cuelga en frente de los ojos, sujeta a una tanza que se anuda en una vara, ubicada en la espalda. La condena es tener el dinero delante los suficientemente cerca como para desearlos y los necesariamente lejos como para poder alcanzarlos.  La historia termina cuando el joven pregunta "Todos los periodistas vienen aquí" y la mujer, vestida de colorado, hace un gesto de incontenible fastidio y responde: "No". A continuación el anuncio, un toma con el nombre del diario promocionado, cierra la tanda. Como publicidad es excelente, cabe decirlo. Sin embargo, si un Poeta, hubiera decidido seguir bajando tal vez haya descubierto otros infiernos de los que nos se habla, más pedestres y de esta vida.
Desde hace unos años y gracias a una oposición flácida,  la prensa a pasado a ocupar el lugar del "contrincante político", en los discursos de muchos gobernantes, conscientes de que la estructura del discurso político tiene tres destinatarios siempre: Una masa a quien llenar de fervor (los seguidores) y en esta parte del discurso se enuncia los logros de actuales y de otros tiempos sumados a los anhelos y promesas. El segundo destinatario es la oposición o el contrincante político, a quien se critica, se provoca y se degrada ( depende del grado de violencia del que pronuncia el discurso) y por último, en ese juego dialéctico de contrastes, se busca convencer a la porción del pueblo que no los sigue. Esta es estructura es tan vieja como la política misma y no hay discurso político si falta alguno de los tres componentes. Intuyo que este discurso hegemónico, que critica desde la esfera del poder político y económico a los periodistas y ha inventado categorías nunca antes escuchadas como la de militantes ha generado un fenómenos social que hace que uno escucho a cualquier persona, de distintas profesiones, con distinto nivel de ingreso, en fin personas, opinar del trabajo de la prensa y hasta sugerir acciones con un nivel de erudición que asusta. Cuestionar las ideas y los discursos es siempre un ejercicio saludable, fundamentalmente si son de esferas enquistadas en el poder. En las sociedades hay muchos discursos hegemónicos .la concepción de la salud y la enfermedad o la de la forma de castigar a los que lesionan a la sociedad, son algunos ejemplos. Sin embargo, no escucho que se cuestionen con tanta pasión otras profesiones. No sé si el señor del almacén, la maestra, el político, la empleada, el mozo, el ingeniero, el escritor, la poetisa, la artista, el locutor, la peluquera, tendrían el coraje de indicarle a un cirujano cómo cortar, cómo suturar o qué prescribir y eso que la medicina es una institución como más poder que el periodismo. Tampoco me imagino a un médico militante en el quirófano. Me lo imagino militando fuera de él pero no en el quirófano.  Hay otros infiernos que vive la prensa que no se dicen: la precariedad laboral; el intento de manipulación con la publicación o no de la publicidad oficial (pauta pagada con fondos de todos); la precariedad laboral; el peligro; la falta de libertad y el último de todos, el más temido: la imposibilidad de ejercer por no encontrar un lugar en los medios. "Quién tiene una vocación también tiene una condena y es la de no encontrar paz interior hasta no haber cumplido con su misión", dice Santiago Kovadloff en el Oficio de la Pasión. Como en la publicidad del diario uruguayo, divisar el objeto en el que se apoya  la pasión pueda echar luz, a la polémica respecto a la prensa y de paso,  a otras profesiones y oficios.
* Periodista
Hace un par de años, un amigo y colega a quien quiero mucho pero admiro más, posteó en mi muro de Facebook, con motivo del día del periodista, un video cuyo título era el Infierno de la Prensa. Era un anuncio promocional del diario uruguayo Últimas Noticias. La primera escena del spot publicitario muestra a un joven en un fondo blanco que parado frente a una puerta de ascensor, metálica, pregunta en voz alta: ¿Qué es esto? En la siguiente escena la puerta se abre y una mujer responde a la pregunta: "Esto es el infierno de la prensa. Querés conocerlo".
 El joven en silencio da un paso e ingresa en el ascensor. La mujer le muestra uno a uno los pisos, del subsuelo que emulando a los círculos del infierno que Dante Alighieri  describe en la divina comedia, indica un pecado y un castigo para cada falta cometida en el ejercicio de la profesión de informar.  Los castigos que describe la tanda publicitaria de "Ultimas Noticias", son análogos a las faltas. De este modo, los periodistas que van al piso menos uno,  son los superficiales "los que nunca investigan"; los que están condenados a escribir eternamente cosas sin sentido. En el piso menos dos, están los inexactos, los que no constatan fuentes, los imprecisos. En el menos tres, los  tendenciosos; los que no tienen noticias. Su castigo es estar condenados a decir sí o no, para siempre. El piso siguiente, en el descenso es el lugar reservado a los altaneros, los que abusan de su poder y se creen intocables. Al inmediato inferior, van los sensacionalistas. Estos periodistas están condenados a gritar eternamente, con desesperación.
Como en el texto del Poeta, los dos últimos lugares son los peores. El sexto, es el destino de los serviles, los que se venden y su castigo es estar eternamente de una lado al otro, según sopla el viento. El último piso, el más bajo es el destino de los calculadores, mercaderes de la información a quien sólo les importa lucrar. Su castigo es ir como con un fajo de billetes que les cuelga en frente de los ojos, sujeta a una tanza que se anuda en una vara, ubicada en la espalda. La condena es tener el dinero delante los suficientemente cerca como para desearlos y los necesariamente lejos como para poder alcanzarlos.  La historia termina cuando el joven pregunta "Todos los periodistas vienen aquí" y la mujer, vestida de colorado, hace un gesto de incontenible fastidio y responde: "No". A continuación el anuncio, un toma con el nombre del diario promocionado, cierra la tanda. Como publicidad es excelente, cabe decirlo. Sin embargo, si un Poeta, hubiera decidido seguir bajando tal vez haya descubierto otros infiernos de los que nos se habla, más pedestres y de esta vida.
Desde hace unos años y gracias a una oposición flácida,  la prensa a pasado a ocupar el lugar del "contrincante político", en los discursos de muchos gobernantes, conscientes de que la estructura del discurso político tiene tres destinatarios siempre: Una masa a quien llenar de fervor (los seguidores) y en esta parte del discurso se enuncia los logros de actuales y de otros tiempos sumados a los anhelos y promesas. El segundo destinatario es la oposición o el contrincante político, a quien se critica, se provoca y se degrada ( depende del grado de violencia del que pronuncia el discurso) y por último, en ese juego dialéctico de contrastes, se busca convencer a la porción del pueblo que no los sigue. Esta es estructura es tan vieja como la política misma y no hay discurso político si falta alguno de los tres componentes. Intuyo que este discurso hegemónico, que critica desde la esfera del poder político y económico a los periodistas y ha inventado categorías nunca antes escuchadas como la de militantes ha generado un fenómenos social que hace que uno escucho a cualquier persona, de distintas profesiones, con distinto nivel de ingreso, en fin personas, opinar del trabajo de la prensa y hasta sugerir acciones con un nivel de erudición que asusta. Cuestionar las ideas y los discursos es siempre un ejercicio saludable, fundamentalmente si son de esferas enquistadas en el poder. En las sociedades hay muchos discursos hegemónicos .la concepción de la salud y la enfermedad o la de la forma de castigar a los que lesionan a la sociedad, son algunos ejemplos. Sin embargo, no escucho que se cuestionen con tanta pasión otras profesiones. No sé si el señor del almacén, la maestra, el político, la empleada, el mozo, el ingeniero, el escritor, la poetisa, la artista, el locutor, la peluquera, tendrían el coraje de indicarle a un cirujano cómo cortar, cómo suturar o qué prescribir y eso que la medicina es una institución como más poder que el periodismo. Tampoco me imagino a un médico militante en el quirófano. Me lo imagino militando fuera de él pero no en el quirófano.  Hay otros infiernos que vive la prensa que no se dicen: la precariedad laboral; el intento de manipulación con la publicación o no de la publicidad oficial (pauta pagada con fondos de todos); la precariedad laboral; el peligro; la falta de libertad y el último de todos, el más temido: la imposibilidad de ejercer por no encontrar un lugar en los medios. "Quién tiene una vocación también tiene una condena y es la de no encontrar paz interior hasta no haber cumplido con su misión", dice Santiago Kovadloff en el Oficio de la Pasión. Como en la publicidad del diario uruguayo, divisar el objeto en el que se apoya  la pasión pueda echar luz, a la polémica respecto a la prensa y de paso,  a otras profesiones y oficios.
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